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jueves, 26 de mayo de 2011

Capitulo 9 - Angel Wings


Él sonrió, la besó por última vez, y se alejó. Lara entró a su casa, sin hacer demasiado alboroto. Se dirigió a la cocina y tomó un vaso de agua, comenzaba a pensar en aquel beso tan agitado que ambos se concedieron, en aquellas caricias, y en aquellos nervios que se posaron en su cuerpo.
Se ponía nerviosa con el solo hecho de pensar en segundas acciones con Michael… Sin embargo, al pensar en el perfume de su cabello, la suavidad de su piel, la tonalidad de su voz y el sabor de sus labios. Comenzaba a sonreír nuevamente.

- ¿Dónde andabas? – preguntaron

Ella volteó algo espantada.

- ¿Mamá?
- Respóndeme – musitó - ¿Dónde estabas, Lara? – dijo molesta
- No te importa, voy a dormir
- ¿Estabas con ese bastardo verdad? – dijo su madre

Lara al oír aquello, sintió como una gran furia corrió por todo su cuerpo. Era la primera vez que alguien hablaba mal, de una persona que ella amaba, y se sentía realmente furiosa.

- No es un bastardo, y no te importa que haga o que deje de hacer. Adiós


En una caminata iracunda, comenzó a subir las escaleras. Para dormirse segundos luego, en su cuarto.


La mañana siguiente no fue igual. El cielo estaba forrado en nubes color gris. El olor a humedad era bastante fuerte, hacía frío… era un día sin color.
Michael, con ansias de ver a Lara, se dirigió a la casa de la misma. Al llegar, tocó la puerta, sin pensar con quien podía encontrarse.

- ¿Esta Lara? Debo hablar con ella – dijo Michael
- Oh, tú debes ser su amigo
- Ehm – jadeó – Si, su amigo – dijo algo confundido
- Lara no se encuentra, hoy, ella y Luke se fueron a comprar unas cosas para la boda. Ella esta tan entusiasmada – musitó – No deja de hablar de la boda, de los invitados y de lo feliz que es con Luke. Todas las noches, no puedo dormir por su culpa, y por el alboroto que hacen en su cuarto – murmuró riendo

Michael al oír aquello, borró su sonrisa de inmediato. Sintió como todas sus esperanzas de ser feliz con Lara, se partían poco a poco. Sentía como todo estaba perdido… se sentía engañado.

- ¿Quieres que le diga algo? – dijo Lidia
- No, nada – sonrió falsamente – Hasta luego y buenos días
Michael se alejó del lugar y comenzó a caminar hasta su casa. En el trayecto, comenzaba a pensar en todas aquellas palabras, en todo lo que Lidia le dijo.

Comenzó a llorar. Como un niño perdido, como un niño sin amor, como un niño que fue tristemente engañado.
Al llegar a su casa, cerró la puerta de un duro golpe. Lloraba de una manera desconsolada, estaba enojado, triste, desilusionado, perdido…
Se acercó a un modular de madera, lleno de adornos. Pasó por allí, y voló todo aquello con su brazo.

Los tiró al suelo, lleno de furia y odio. Todos aquellos adornos quedaron hechos trizas en el suelo.

Caminó con su cabeza entre sus manos, comenzó a patear las sillas del comedor, hasta dar vuelta aquel lugar.
Se sentó en el sofá, buscando la calma, la cual era imposible de encontrar en aquellos momentos.

Por otro lado.




Lara despertó unas horas después, Michael rondaba por su cabeza, sonrió al pensar en él.
Al voltear, observó como Luke dormía, su sonrisa se borró, odiaba despertar y verlo, cuando ella ansiaba ver a Michael a su lado.
Se dirigió al baño, se higienizó. Y bajó a desayunar, su madre estaba con una sonrisa malévola, lo cual a Lara no le extrañaba en lo más mínimo.

- ¡Hija! – Sonrió - ¡Buenos días!
- Si, hola – dijo sin ánimos
- ¿Cómo durmió mi pequeña? – sonrió observándola

Lara volteó y la observó extrañada.

- ¿Y tu desde cuando tan dulce?
- Eres mi hija
- Wow, lo olvidé

Se sentó a tomar su café, cuando observó su teléfono celular. Ansiaba hablar con Michael y saber como había despertado. Tomó aquel teléfono móvil, y se dirigió al baño. Se sentó en la taza de aquel lugar, y marcó el número de Michael.

- ¿Quién habla? – dijo Michael con un tono molesto
- ¡Hey! ¿Por qué esa voz? – Dijo ella dulcemente – Buenos días
- ¿Tú? – dijo Michael molesto
- Sí, soy Lara – dijo ella
- De acuerdo, te diré algo. No vuelvas a llamarme, y déjame en paz. No quiero volver a hablar contigo… adiós – dijo iracundo para luego cortar la llamada.

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